UNA ANTIGUA RECETA CON LA QUE LOGRAR LA PERFECCIÓN

LA ESPECIA DE LA VIDA

A lo largo de la historia, en el nombre de las especias se han ganado y perdido fortunas, se ha seducido a distintos reyes y emperadores y se ha subyugado a naciones enteras.

Las especias adulan nuestros sentidos y embrujan nuestra imaginación. Las especias han sido elementos clave en algunas de las mayores aventuras emprendidas por el ser humano y, hasta la fecha, continúan invitándonos a explorar, aunque el viaje más largo que hagamos sea al bar más cercano.

Compruébalo por ti mismo. Olfatea un gin-tonic elaborado con Martin Miller’s y siente cómo va aumentando tu energía y empiezas a recordar aquellos viajes a los lugares más exóticos del planeta.

Antes del descubrimiento de la ruta por mar a la India, la Ruta de la Seda unía Oriente y Occidente desde el Mediterráneo hasta China. Por esta ruta viajó Marco Polo, pero antes que él ya viajaban los romanos, y, antes de ellos, Alejandro Magno.

En el siglo XV, esta ruta se había vuelto muy peligrosa debido a la presencia de saqueadores tribales; por ello, en el Lejano Oriente, los chinos recogían clavo y nuez moscada de las Indias Orientales y los enviaban al puerto malasio de Malaca. Allí, los mercaderes musulmanes procedentes de la India, la península Malaya y Arabia transportaban los productos por el Golfo de Bengala hasta la India, donde añadían al cargamento canela de Ceilán para vender en los puertos de especias de Calcuta, Cochín y Goa.

Bajo el dominio de los árabes del océano Índico, los dhows surcaban los mares desde la India en dirección hacia Persia y Arabia hasta el este de África recogiendo cargamentos de corteza de casia y todo tipo de especias exóticas por el camino. Desde Zanzíbar, los dhows cargados navegaban en dirección al Mar Rojo atravesando el Golfo de Adén hasta llegar al estrecho de Bab-el-Mandeb. Allí, el valioso cargamento se descargaba en las embarcaciones egipcias para atravesar el valle del Nilo y llegar hasta El Cairo.

En El Cairo, el botín se dividía y se transportaba en una barcaza y en una caravana de camellos hasta Alepo, Damasco o Constantinopla. Desde estos puertos se podía organizar el viaje de las mercancías en embarcaciones italianas hasta Venecia y Génova.

En esas ciudades, los ricos mercaderes italianos las enviaban para engalanar las mesas de Alemania y Francia, o bien, las transportaban una vez al año en convoyes de galeras italianas a través del estrecho de Gibraltar hasta Inglaterra, al norte y los Países Bajos

LA ESPECIA DE LA INTIMIDACIÓN

A principios del siglo XVIII, Europa estaba inmersa en una trepidante competición por el dominio de las especias. Al poco tiempo, portugueses, españoles, holandeses, franceses e ingleses se pusieron manos a la obra y establecieron sus propias fábricas, fortalezas y, en última instancia, colonias por todo el océano Índico con el único objetivo de proteger su control sobre la producción de distintas especias.

En 1708 se fundó la Compañía Británica de las Indias Orientales tras la fusión de dos empresas rivales de comercio con las Indias. Con el paso del tiempo, se convirtió en la principal potencia europea en la costa de la India, e incluso llegó a tener capacidad para imponer su voluntad sobre los gobernantes locales.

A mediados del siglo XVIII, más de dos tercios de este inmenso subcontinente se encontraban bajo el dominio de la Compañía.

Por ello, en la India colonial habitaban grandes cantidades de tropas británicas y civiles expatriados. Uno de los principales problemas con los que tenían que lidiar era la malaria, y la única medida de protección que se conocía consistía en beber ingentes cantidades de quinina. Cuando la quinina se bebe sola, es extremadamente amarga, de ahí que se inventasen innumerables brebajes para lograr que las dosis necesarias resultaran agradables al gusto.

Una solución consistía en añadir un poco de ginebra a la medicina, y así es como nació el gin-tonic.

Sin embargo, esa gran cantidad de expatriados británicos que bebía ingentes cantidades de ginebra planteó un nuevo problema: en la India no había ginebra suficiente para todos.

Al poco tiempo, los empresarios locales comenzaron a construir sus propios alambiques para elaborar ginebra y se cubrió esta necesidad.

No obstante, los destiladores se encontraron con el problema de que las recetas británica y holandesa de aquella época incluían botánicos que resultaban demasiado caros para importar a la India. Las destilerías decidieron improvisar y comenzaron a utilizar botánicos y otros ingredientes aromáticos que ya tenían a su alcance y, de este modo, nació un nuevo estilo de ginebra.

En esta nueva variedad no destacaba tanto la presencia del enebro. Se caracterizaba por un aroma a pino menos intenso y, por lo general, tenía una mayor graduación de alcohol. Las exóticas infusiones botánicas de las ginebras de estilo indio eran picantes y resultaban enigmáticas de un modo distinto al de otras ginebras, y se hicieron muy famosas en su época.

NARANJAS Y LIMONES COMO INVITADOS ESPECIALES

A la hora de enumerar sus botánicos, muchas ginebras reivindican el uso de un reparto compuesto por miles de ingredientes. Sin embargo, Martin Miller creía que contar con un elenco de lujo no siempre basta para elaborar una ginebra de primera.

Miller creía que no era necesario utilizar ingredientes exóticos o desconocidos ni tampoco ningún coro de botánicos que lo único que conseguiría sería restar protagonismo a la estrella principal.

Por ello, la ginebra Martin Miller’s es y siempre ha sido una ginebra seca en el sentido más tradicional de la expresión, que contiene un elenco de botánicos equilibrado y cuidadosamente seleccionado. Como no podía ser de otro modo, el papel principal se reserva para el enebro, el cual se rodea de cilantro, angélica, corteza de lima, raíz de regaliz, nuez moscada, corteza de casia y lirio de Florencia en los papeles secundarios.

Como si de una compañía teatral con una amplia experiencia se tratase, todos los ingredientes desempeñan su propio papel, haciendo lo que siempre han hecho y del mejor modo posible.

El cilantro aporta un característico aroma a jengibre, salvia y limón, mientras que la angélica le confiere la inconfundible sequedad de la madera. Las raíces de regaliz y de casia añaden aromas dulces y picantes a partes iguales, y la piel de lima aporta un frescor adicional. Y por último, para respaldar y aunar todo el conjunto, utilizamos lirios de Florencia con los que se obtiene un toque aromático y floral.