UN MARIDAJE VENTAJOSO Y DE BUEN GUSTO

TIERRA DE FUEGO Y HIELO

Libre de contaminación y con un nombre de connotaciones glaciales, Islandia es, desde el punto de vista geológico, toda una maravilla. Solo han pasado 20 millones de años desde que el Atlántico norte moldeó esta hermosa isla remota y poco poblada.

Islandia, que suele recibir el nombre de «tierra de fuego y hielo», es un país turbulento y contradictorio que indudablemente hace honor a su nombre.

De su turbulencia no cabe duda, ya que en esta nación la naturaleza y la geología tienen la capacidad de dar, en cualquier momento, ciertas sorpresas extremadamente desagradables: Islandia es, después de todo, uno de los puntos calientes con mayor actividad volcánica del mundo. Allí, no es difícil imaginarse que la tierra pueda abrirse y engullirte sin dejar ningún tipo de rastro.

También destaca por sus contradicciones, dado que, con un tamaño equivalente a la superficie de Kentucky y una población algo superior a los 300 000 habitantes, Islandia es uno de los países con la menor densidad de población del mundo y, al mismo tiempo, una de las sociedades más avanzadas.

Sin embargo, también fue uno de los países más pobres de Europa hasta mediados del siglo XX.

Actualmente, Islandia es una sociedad avanzada desde una perspectiva tecnológica, ya que el 95 % de los adultos poseen ordenadores. El índice de alfabetización entre los adultos es del 100 %, y en Islandia se escriben y se publican más libros per cápita que en ningún otro país del mundo.

En resumen, la islandesa es una sociedad culta que se caracteriza por su progreso tecnológico y está equilibrada desde el punto de vista social.

¿Eso es todo?

Pues no. No es necesario ir muy lejos para observar la actuación de otras fuerzas todavía más contradictorias.

Debajo de esta apariencia superficial urbana y moderna yace un sistema de creencias más primitivo.

Islandia, con sus largos inviernos oscuros y sus fantásticas formaciones de lava, es un hervidero de mitos y leyendas que se remontan a la época de las sagas y los vikingos. Los islandeses todavía sostienen que uno de cada 500 habitantes del país es un elfo o un duende. Hoy en día, las creencias relativas a los elfos o las «personas ocultas» todavía pueden tener una influencia sutil y, en ciertos casos, bastante manifiesta en la vida diaria de la Islandia moderna.

ROCA NÚMERO 84 (UNA HISTORIA REAL)

ILos islandeses disfrutan de una relación muy cordial con sus vecinos del otro mundo, las personas ocultas.

La población islandesa cree que los elfos son los niños que Eva no terminó de lavar cuando Dios vino a visitarla. En vista de que no estaban listos para mostrarse, no tuvo otro remedio que ocultarlos. Por consiguiente, se consideran «personas ocultas».

En la actualidad, en Islandia se respeta enormemente a los elfos.

Las rocas, las colinas y los arroyos en los que viven se preservan con esmero. Se han llegado a realizar desvíos en las vías públicas para sortearlos e incluso existe una carretera en Reikiavik denominada la «carretera de la colina de los elfos». En la calle principal de la localidad de Grundarfjördur, se erige una roca entre las casas número 82 y 86:

¡los elfos habitan la roca número 84!

EL SECRETO ESTÁ EN EL AGUA

La ciudad de Borgarnes está situada en la cabecera de un fiordo increíblemente hermoso en la lejana costa oeste de Islandia. Para Martin Miller’s, se trata de una travesía de diez días a través de las tempestuosas aguas del Atlántico norte desde Immingham, en la costa este de Inglaterra, hasta esta remota localidad.

Pero merece la pena.

En una isla ya de por sí famosa por su percepción de lo sobrenatural y su atmósfera, constituye un lugar verdaderamente mágico. Dejando el pueblo atrás en dirección hacia el norte, se levantan las escarpadas e imponentes «crestas del infierno», conocidas con el nombre de Helgrindur entre los habitantes del país. Más allá, se puede ver la caldera volcánica nevada del Snæfellsjökul, la legendaria entrada al centro de la tierra descrita por Julio Verne.

Es aquí adonde llevamos los licores de Martin Miller’s para celebrar su «maridaje» islandés.

Es aquí donde se materializa el arte de los mezcladores, donde tiene lugar la auténtica magia.

Extraemos el agua cristalina, pura y libre de contaminación de nuestro propio manantial. Esta agua gélida y viva es inigualable. Sale a la luz por primera vez en unos 800 años, emergiendo de las profundidades de las montañas de basalto que enmarcan la silueta de esta tranquila localidad.

Para añadir un poco de alma a cada licor, ya que los islandeses consideran el agua como un auténtico ser vivo, la ginebra Martin Miller’s se mezcla suavemente con el agua pura del manantial islandés hasta crear un maridaje con una delicadeza única y una gran nitidez de sabor y aspecto.

Sencillamente, magia embotellada.