Ginebra Martin Miller's

La ginebra Martin Miller's original se destila en alambique por medio de dos destilaciones diferentes, gracias a lo que se obtiene su característico equilibrio único entre los cítricos y el enebro. El toque final lo pone su mezcla, en la que se combina el destilado final, con una graduación de embotellado del 40 % de volumen de alcohol, con agua de manantial de Islandia.

UN SABOR CLÁSICO.
NINGUNA COPIA HA LOGRADO
SUPERAR AL ORIGINAL


La personalidad de Martin Miller aunaba una curiosa combinación de rasgos. A pesar de ser un tradicionalista de corazón, también sentía una intensa atracción hacia la aventura y un amor irrefrenable e irracional hacia los valores románticos.

A la hora de elaborar su ginebra, el hombre tradicional que llevaba dentro le exigía crear una ginebra que «tuviera el sabor de una auténtica ginebra». Para ello, insistió en utilizar los métodos y técnicas de los fabricantes de ginebra clásicos, respetando unos métodos de elaboración cuyos resultados se conocen desde hace siglos, así como su clásica gama de botánicos.

Martin Miller's La Original

Angelica

Martin Miller's La Original

Cáscara de Limón Seco

Martin Miller's La Original

Enebro...por supuesto

Martin Miller's La Original

Casia

Martin Miller's La Original

Semillas de Cilantro

Martin Miller's La Original

Cáscara de Lima Seca

Martin Miller's La Original

Raíz de regaliz

Martin Miller's La Original

Nuez moscada

Martin Miller's La Original

Cáscara de naranja amarga

Martin Miller's La Original

Iris Florentino

UN SABOR CLÁSICO.
NINGUNA COPIA HA LOGRADO
SUPERAR AL ORIGINAL

Martin era un intrépido aventurero, por eso decidió visitar la Toscana, donde se enamoró de la comida, aunque no tanto del enebro. También viajó a la India, cuya gastronomía volvió a conquistarlo, ¡qué casualidad! Sin embargo, por mucho que disfrutase de los mercados de especias, el enebro que encontraba en ellos no lograba impresionarlo.

A veces también recordaba, con algo de remordimiento, un viaje de trabajo a Macedonia en el que se pasó largas noches en el casino:
—Buena comida —decía—, pero muy malas probabilidades.

No obstante, seguía negándose a apostar por el enebro de esa zona. He aquí un serio problema.
En su opinión, el enebro era un cultivo complicado y traidor que presenta una calidad muy variable cada año. Además, también es una planta de crecimiento lento y, cuando los arbustos alcanzan una determinada edad, dejan de producir frutos aptos para utilizarse. Para él, depender de una única fuente suponía un grave error. Por ello, decidió realizar una selección de los mejores frutos de cada cosecha, independientemente de su origen, y, de este modo, siempre podría elegir las bayas más grandes, aquellas que fueran más ricas en aceites y que tuvieran un mayor atractivo aromático. Estas serían las únicas bayas que permitiría que se utilizasen en la elaboración de su ginebra.

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